Este no es un blog técnico. Es una historia real. Una de esas que te dejan la frente roja de tanto darte cabezazos contra la pared.
Todo empezó con un cliente que parecía ideal: empresa prolija, buena gente, con ganas de «ordenarse en Higiene y Seguridad».
Yo llegué con mis herramientas, mi carpeta, toda mi energía y, obvio, mis ganas de que todo salga bien.
—»Después de la primera visita te hago el pago», me dijo.
Y yo, como una prevencionista romántica, le creí.
📆 Mes 1: “Estamos re contentos con tu laburo”
Fui, visité, audité, armé informes, hice charlas. ¡Hasta me agradecieron en una reunión de equipo!
Cuando pregunté por el pago, la respuesta fue:
—“Sí, sí, ya lo tengo anotado. Estamos ordenando tesorería.”
Spoiler: La tesorería era un agujero negro.
📆 Mes 2: “Necesito que me mandes los planes, así los mostramos a la ART”
Yo seguía yendo. Porque soy responsable. Porque me gusta lo que hago.
Y porque, en el fondo, me cuesta cortar relaciones laborales —una falla técnica que no estaba en el manual del prevencionista.
Ya había invertido horas, traslados, café y neuronas.
—“Después pasame todos los comprobantes así te lo liquido junto.”
Me lo dijo mirando a los ojos. Creo que ahí me dolió más.
📆 Mes 3: “Disculpá, justo ahora se nos cayó un pago grande…”
Y ahí me cayó a mí.
Caí en que había trabajado 3 meses gratis.
Caí en que no había contrato.
Caí en que mis mails decían “te paso la factura cuando vos me digas”, como si yo fuera una moza esperando la propina.
Y lo peor: me enojé conmigo, no con él.
🧾 Lección de oro (y contrato firmado)
Después de ese episodio, aprendí lo siguiente:
✅ Sin contrato, no hay relación profesional.
No importa si el cliente es tu primo, un “recomendado”, o alguien que jura por su perro que te va a pagar.
✅ Tu tiempo vale. Tu experiencia vale. Tus conocimientos también.
No somos voluntarios de la Cruz Roja. Damos un servicio técnico, especializado, que evita pérdidas, multas y vidas.
¿Y no vamos a ponerle precio y condiciones?
✅ El contrato no solo protege, también ordena.
Te permite dejar en claro:
– Alcance del servicio
– Honorarios
– Modalidad de pago
– Duración
– Penalidades por incumplimientoY lo más importante: marca el límite saludable entre el compromiso y el abuso.
🤝 Conclusión: no más consultoras a corazón abierto
Hoy no trabajo sin contrato. Aunque el cliente venga con moño y referencias de oro.
Porque entendí que profesionalizar la prevención también es profesionalizar cómo vendemos nuestros servicios.
Mi historia no es única. Pero si sirve para que otra colega se ahorre 3 meses de frustración, entonces valió la pena contarla.
Y si estás leyendo esto y sos cliente: respetá a quien cuida tu empresa. Pagale en tiempo y forma.
Nosotros también tenemos alquiler, hijos, vida.
No vivimos del aire… aunque sepamos cómo medir su calidad.